Tratamiento en ICPM: Otoplastia en Valencia

En resumen

  • Es un implante permanente, no un procedimiento sin nada dentro: se coloca una lámina metálica bajo la piel y se queda ahí.
  • 🔑 Solo actúa sobre una de las tres causas de que una oreja sobresalga: el pliegue del antihélix. No hace nada con una concha profunda ni con la piel.
  • En el estudio piloto, 21 de 39 pacientes pidieron que se les retirara el implante a los 6, 12 o 18 meses.
  • En la serie más amplia, de 403 pacientes, hubo efectos adversos que requirieron intervención en el 9,7 %, con erosión de la piel en el 3,7 %.
  • 🔑 Las series más favorables proceden del grupo vinculado al desarrollo de la técnica; una serie independiente de 2025 terminó con los autores abandonando su uso.
  • El seguimiento publicado es corto para un dispositivo pensado para quedarse: en la serie grande solo volvió a revisión el 36 % de los pacientes, con una media de 7,7 meses.
  • No lo ofrecemos. Con alternativas que tienen décadas de seguimiento, no encontramos motivo para asumir ese perfil.

earFold es un implante que se coloca bajo la piel de la oreja para plegar el cartílago, sin puntos internos y con anestesia local, en un procedimiento de unos veinte minutos. Sobre el papel suena a versión rápida de la otoplastia.

No lo ofrecemos, y el motivo no es que sea peligroso: es lo que describen las series publicadas cuando se leen enteras y se mira quién las firma. Esta página cuenta lo que hay, con los números, para que puedas decidir tú.

Cómo se corrige una oreja prominente con cirugía está en la guía de la otoplastia.

Qué es exactamente

Es una lámina curvada de aleación metálica, de pocos milímetros, que se introduce a través de una incisión muy pequeña y se despliega sobre el cartílago del antihélix. Al recuperar su forma, pliega la oreja y la acerca a la cabeza. Se coloca con anestesia local y el procedimiento es corto.

Tiene una ventaja de partida que conviene reconocer: permite previsualizar el resultado antes de implantar nada, marcando la posición sobre la oreja. Eso es más de lo que ofrece una cirugía convencional, donde el resultado se explica pero no se enseña.

Y tiene una característica que a veces se cuenta de pasada: el implante se queda dentro. No es un procedimiento que se haga y desaparezca; es un cuerpo extraño permanente bajo una piel que en la oreja es especialmente fina.

Qué corrige, y qué no

Aquí está el primer límite, y es anatómico antes que estadístico.

Una oreja sobresale por tres causas: un antihélix que no se plegó, una concha demasiado profunda y un ángulo mayor del habitual. Están explicadas en por qué se producen las orejas de soplillo.

El implante actúa sobre la primera. Pliega el antihélix, y eso es todo lo que hace. No rebaja una concha, no la recoloca, no retira piel sobrante y no corrige un lóbulo que se separa.

Eso significa que, incluso antes de mirar ninguna complicación, hay orejas para las que el implante sencillamente no es una opción. No una opción menor: una que no resuelve lo que hay que resolver.

Qué dicen las series publicadas

Esta es la parte que rara vez se cuenta entera, así que va con los números y con quién los firma.

El estudio piloto (2016), 39 pacientes. Se colocaron 131 implantes en 75 orejas, en adultos y niños, con seguimiento mínimo de 18 meses. Hubo complicaciones en 8 pacientes: extrusión del implante, infección, cicatriz hipertrófica y deformidad en punta. Y el dato que más pesa: 21 de los 39 pacientes solicitaron la retirada del implante a los 6, 12 o 18 meses. Solo 18 lo conservaron. Los autores concluyeron que los resultados eran comparables a las técnicas de sutura.

La serie amplia (2018), 403 pacientes y 1.200 implantes. Es el trabajo de seguridad de referencia del dispositivo. Describe efectos adversos que requirieron intervención en el 9,7 % de los pacientes: revisión del implante en el 4,2 %, sobre todo por visibilidad; erosión cutánea en el 3,7 %; infección en el 1,7 %. No hubo sangrado, hematoma ni cicatrización adversa. Los autores atribuyen las complicaciones a la selección de pacientes o a errores técnicos.

Hay dos matices que conviene poner al lado de esas cifras. El primero es el seguimiento: de los 403 pacientes, solo 145 —el 36 %— volvieron a revisión, con una media de 7,7 meses. Para un implante permanente, eso es poco tiempo y poca gente. El segundo es la autoría: tanto el piloto como la serie amplia proceden del grupo vinculado al desarrollo y difusión de la técnica.

Una serie independiente (2025), 19 pacientes. Seguimiento a largo plazo por dos cirujanos ajenos a ese grupo. Seis pacientes tuvieron que retirarse el implante por complicaciones y un séptimo pidió la retirada. Los autores concluyeron dejando de emplear el dispositivo.

Lo que se ve al ponerlas juntas no es que la técnica sea peligrosa. Es que las cifras más favorables vienen de quien la desarrolló, que el seguimiento publicado es corto, y que cuando otros la han seguido a largo plazo los resultados han sido peores. Es una asimetría que conviene conocer antes de decidir.

Cómo se compara con la otoplastia convencional

La cirugía tiene un cuerpo de evidencia de otra escala. Los metaanálisis recientes describen una tasa combinada de recidiva del 2,8 % y de reintervención del 2,1 %, con seguimientos medios superiores a los dos años, y la revisión sistemática más amplia sitúa la reintervención o recidiva en torno al 5 %. Su complicación característica —la extrusión de suturas, un 5,4 %— se resuelve en consulta.

A cambio, la cirugía tiene lo que el implante evita: una incisión y una cicatriz, aunque quede oculta en el surco de detrás de la oreja. Es el argumento real a favor del implante y merece decirse.

Existe además una vía intermedia que sí realizamos: la técnica percutánea, que trabaja con puntos a través de punciones y no deja línea de cicatriz. Su indicación es estrecha —casos leves con déficit de pliegue del antihélix— pero no deja nada dentro.

Por qué no lo ofrecemos

Con todo lo anterior, nuestro criterio es este: existiendo técnicas con décadas de seguimiento y tasas de reintervención en torno al 2-5 %, no encontramos motivo suficiente para asumir un implante permanente cuyo comportamiento a largo plazo describen mejor quienes lo desarrollaron que quienes lo han seguido después.

Eso no significa que quien lo ofrezca lo haga mal. Es un dispositivo con marcado sanitario, con una serie de seguridad amplia publicada, y hay cirujanos con criterio que lo emplean en casos seleccionados. Es una decisión clínica, y la nuestra es esta. Si tu cirujano te lo propone y te explica estos datos, está haciendo su trabajo.

Si ya llevas un implante

Dos cosas.

Si estás bien y no notas nada, no hay que hacer nada: no existe una recomendación de retirar implantes que no dan problemas.

Si notas el implante bajo la piel, si se transparenta, si la zona se irrita o si hay signos de infección, eso sí se mira. En las series publicadas la visibilidad y la erosión cutánea son los motivos más frecuentes de revisión. Podemos valorarlo, y si procede retirarlo, se retira.

Qué preguntar si te lo ofrecen

  • ¿Qué causa predomina en mi oreja? Si no es el antihélix, el implante no es la respuesta.
  • ¿Cuántos me has puesto y con cuánto seguimiento?
  • ¿Qué pasa si se nota o se transparenta? ¿Quién asume la retirada?
  • ¿Qué alternativa quirúrgica tendría yo, y por qué la descartas?
  • ¿Qué porcentaje de tus pacientes ha pedido que se lo quites?

Esa última es la pregunta útil, y es la que el estudio piloto contesta con un 54 %.

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Preguntas frecuentes

¿Qué es earFold?

Un implante de aleación metálica, de pocos milímetros, que se coloca bajo la piel de la oreja a través de una incisión pequeña y pliega el cartílago del antihélix para acercarla a la cabeza. Se coloca con anestesia local y el implante se queda dentro de forma permanente.

¿Es mejor que la otoplastia?

Son cosas distintas. El implante actúa solo sobre el pliegue del antihélix; la cirugía puede además rebajar o recolocar la concha, retirar piel y corregir el lóbulo. Y el cuerpo de evidencia es muy desigual: la otoplastia tiene metaanálisis con miles de pacientes y seguimientos de años, y el implante, series pequeñas o con seguimiento corto.

¿Lo ofrecéis en ICPM?

No. Con alternativas que tienen décadas de seguimiento y tasas de reintervención en torno al 2-5 %, no encontramos motivo suficiente para asumir un implante permanente. Es nuestro criterio clínico, no una descalificación de quien lo emplea.

¿Se puede quitar?

Sí, y de hecho retirarlo es una parte relevante de lo publicado: en el estudio piloto 21 de 39 pacientes lo solicitaron, y en una serie independiente de 2025 se retiró en 6 de 19 por complicaciones.

¿Qué complicaciones tiene?

Las descritas son visibilidad o transparencia del implante bajo la piel, erosión cutánea, infección, extrusión y cicatriz hipertrófica. En la serie más amplia, el 9,7 % de los pacientes tuvo un efecto adverso que requirió intervención, con erosión cutánea en el 3,7 %.

¿No deja cicatriz?

Deja una incisión pequeña, mucho menor que la de la cirugía convencional. Es su ventaja real. La cuestión es qué se acepta a cambio: un cuerpo extraño permanente bajo una piel fina.

Me han dicho que se ve el resultado antes de ponerlo. ¿Es cierto?

Sí, y es una ventaja genuina del sistema: permite previsualizar la corrección marcando la posición sobre la oreja antes de implantar nada. La cirugía convencional no ofrece eso.

Ya llevo uno y estoy bien. ¿Me lo tengo que quitar?

No. No hay ninguna recomendación de retirar implantes que no están dando problemas. Si en algún momento se nota, se transparenta o la zona se irrita, entonces sí conviene que lo miren.

¿Hay alguna opción sin cicatriz que sí ofrezcáis?

La técnica percutánea o sin incisión, que coloca los puntos a través de punciones y no deja línea de cicatriz. Su indicación es estrecha: casos leves cuyo único problema es el pliegue del antihélix. A diferencia del implante, no deja nada dentro.

Fuentes

  • Kang NV, Kerstein RL. Treatment of Prominent Ears with an Implantable Clip System: A Pilot Study. Aesthet Surg J. 2016;36(3):NP100-16. PMID 26673575 — 39 pacientes de 7 a 57 años, 131 implantes en 75 orejas, con seguimiento mínimo de 18 meses: 18 pacientes conservaron los implantes de forma permanente y 21 solicitaron su retirada a los 6, 12 o 18 meses; complicaciones en 8 pacientes (extrusión, infección, cicatriz hipertrófica y deformidad en punta).
  • Kang NV, Sojitra N, Glumicic S, Vlok JA, O’Toole G, Hannan SA, Sabbagh W. Earfold Implantable Clip System for Correction of Prominent Ears: Analysis of Safety in 403 Patients. Plast Reconstr Surg Glob Open. 2018;6(1):e1623. PMID 29464160 — 403 pacientes y 1.200 implantes: efectos adversos que requirieron intervención en 39 pacientes (9,7 %), revisión del implante en 17 (4,2 %) mayoritariamente por visibilidad, erosión cutánea en 15 (3,7 %) e infección en 7 (1,7 %); sin sangrado, hematoma ni cicatrización adversa. Solo 145 pacientes (36 %) volvieron a revisión, con una media de 7,7 meses.
  • Pauwels J, Cambier B. The Long-term Results of Earfold Implantable Clip for the Correction of Protruding Ears. J Plast Reconstr Surg. 2025;4(2):69-74. PMID 40657175 — 19 pacientes: seis sufrieron una complicación y se les retiró el implante, y un paciente más solicitó la retirada, lo que llevó a los autores a discontinuar su uso.
  • Kang NV, Sabbagh W, O’Toole G, Silberberg M. Earfold: A New Technique for Correction of the Shape of the Antihelix. Laryngoscope. 2018;128(10):2282-2290. PMID 29658102 — Descripción de la técnica y comparación con la otoplastia convencional; es la referencia del funcionamiento del dispositivo y de la previsualización del resultado.
  • Kaleeny JD, Janis JE. Otoplasty Surgical Techniques and Clinical Outcomes: A Practical Review. Plast Reconstr Surg Glob Open. 2026;14(1):e7404. PMID 41567352 — Metaanálisis de 18 estudios, 1.590 pacientes y 3.060 orejas, con seguimiento medio de 24,5 meses: recidiva combinada del 2,8 %, reintervención del 2,1 % y extrusión de suturas del 5,4 % como complicación más frecuente. Es el término de comparación de esta página.
  • Sadhra SS, Motahariasl S, Hardwicke JT. Complications after prominent ear correction: A systematic review of the literature. J Plast Reconstr Aesthet Surg. 2017. PMID 28602268 — 28 estudios y 3.493 pacientes: reintervención o recidiva en torno al 5 %.
  • Salmerón-González E, García-Vilariño E, Gutiérrez-Ontalvilla P, Miró-Rubio I, López-Blanco EM. Evaluation and comparison of two different cartilage-sparing techniques in 356 otoplasties performed in children. Ann Pediatr Surg. 2018;14(3):143-145. DOI 10.1097/01.xps.0000535042.94193.2 — Estudio propio del equipo de ICPM: comparación de dos técnicas de preservación de cartílago en 356 otoplastias realizadas en niños.

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Si estás valorando un implante, la pregunta que ordena la decisión no es cuál es mejor: es qué causa predomina en tu oreja. Si no es el pliegue del antihélix, el implante no aborda tu problema, y eso se resuelve en cinco minutos de exploración.

En la valoración te diremos qué técnica encaja con tu caso, qué alternativas hay —incluida la que no deja cicatriz— y qué resultado es realista. Y si crees que el implante es lo tuyo, al menos irás con las preguntas hechas.

Confirmación clínica del cirujano

Retrato de Enrique Salmerón González

Dr. Enrique Salmerón González

Especialista en Cirugía Plástica, Estética y Reparadora
Nº de colegiado 46/4624077
Retrato de Elena García Vilariño

Dra. Elena García Vilariño

Especialista en Cirugía Plástica, Estética y Reparadora
Nº de colegiado 46/4624503

Última revisión: 6 de septiembre de 2026. Contenido divulgativo; no sustituye la valoración individual de un profesional sanitario.

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